Historia de la empanada criolla

Las empanadas llegaron a la Argentina de la mano de los españoles y cada región la adaptó a sus productos típicos y al gusto de su población.

Aún hoy, cada provincia tiene su variante, desde las salteñas, tucumanas o santiagueñas, hasta las menos conocidas de la Patagonia.

Época de fiestas patrias: 25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio; días que no faltan en las mesas argentinas las muy sabrosas empanadas.

Las primeras referencias a este alimento las encontramos en Persia, siglos antes de Cristo. Las de la antigua Grecia estaban hechas con masa phila rellena, de allí pasaron a Armenia, Marruecos y Medio Oriente, elaboradas con carne de oveja y trigo burgol, y conocidas como fatay o esfiha, nombres que aún perduran.

Esta preparación se hizo muy popular en esos países, al solucionar el problema del transporte de alimentos durante las largas travesías en el desierto, ya que las llevaban envueltas en hojas de parra.

Fue el conquistador bereber Tarik, quien dirigiera la invasión musulmana a la Península Ibérica en el siglo VIII y diera su nombre a la actual Gibraltar, el que las llevó, junto con los caballos árabes, su cultura y sus comidas, a España, a Al-Andaluz, que luego sería Málaga, Granada, Córdoba y Toledo, y de allí a Galicia, donde, de mayor tamaño y rellena con cerdo o pescado, se transformó en Empanada Gallega.

Tanta fue su popularidad que el escultor gallego Maestro Mateo la dejó plasmada, en el siglo XII, en el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela, donde aún hoy la podemos ver. Eran tan famosas en la cocina medieval que en el “Libro de guisados”, de Ruperto de Nola, publicado en Toledo en el año 1525, consta su receta.

Al Nuevo Mundo fue traída por los conquistadores españoles y cada región la adaptó a sus productos típicos y al gusto de la población. Allaca, empanada de pino, pucacapa, pastel frito, llaucha, arepa, tamal, salteña o jujeña, son todas derivadas de aquella empanada gallega llegada de Europa. Desde el Norte llega a nuestro país y cada provincia le da su toque personal.

Son tantas las variedades que los invitamos a un viaje gastronómico imaginario para conocer las características de cada una de ellas, en lo que podremos llamar las rutas de la empanada criolla.

Fuente consultada: https://www.produccion-animal.com.ar/

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