El Afilador de Francisco de Goya y Lucientes

El origen de este oficio artesano es gallego, concretamente de Orense, por eso mismo la ciudad es conocida por ser «Terra de Chispas», debido a los centelleos que salían de la rueda al afilar los utensilios de corte. Estos comerciantes ambulantes -o amoladores- se trasladaban por los pueblos de casa en casa con su rueda de afilar o de Liñares, por el nombre del pueblo de la Ribeira Sacra que las fabricaba. Viajaban durante meses por todas las localidades afilando los utensilios que los vecinos tenían en sus casas.

Durante décadas, los afiladores salieron de Galicia recorriendo España para ganarse la vida y dar a conocer su trabajo. Primero, lo hicieron a pie llevando a cuestas la rueda de afilar; más tarde, arrastrándola con un carro de madera.

Estos artesanos frotaban una plancha de hierro sobre la rueda mientras giraba, provocando un sonido muy estridente para avisar de su presencia a los vecinos, que al oír la melodía bajaban de sus hogares. Este es el instrumento y asi sonaba: :Este es el sonido del afilador

El paso de los años hizo transformarse esta actividad, experimentando grandes avances. Los carros tradicionales pasaron a convertirse en bicicletas y motocicletas.

Este trabajador del metal se recorría los barrios montado en su bicicleta y haciendo sonar su pequeña armónica de plástico con una melodía inconfundible. Aunque también los había que desempeñaban su trabajo sobre una motocicleta, sin duda nos quedamos con la figura del afilador de cuchillos en bicicleta.

¡¡Se afilan cuchillos, tijeras, herramientas!! Cuando alguien quería que le afilaran sus instrumentos de cortar, los afiladores echaban pie a tierra, aseguraban su bicicleta y con los pedales hacían girar la piedra de amolar que, en el caso de los afiladores bicicleteros se colocaba en la parte delantera de la bicicleta para poder afilar a la vez que se dan pedales.

 

La bicicleta de los afiladores de cuchillos estaba provista de una buena estructura plegable sobre la que elevar la rueda trasera de manera que el afilador podía pedalear sin desplazarse. Con este pedaleo estático, además de su rueda trasera, mediante un sistema de engranajes y cadenas, hacía girar un torno con el que afilaba aquellos objetos que el roce había desgastado.

Imagino que aunque con menos presencia, ésta profesión seguirá viva, sobre todo en aquellos lugares donde no han llegado enseres afilados a bajo precio que hacen más económico para el usuario la adquisición de nuevos en vez de la reparación y reutilización.

Recuerdos de mi infancia, cuchillos y tijeras que duraron años gracias al torno y el trabajo de los afiladores. Un cuchillo que no corta sigue siendo cuchillo a la espera de que le den una nueva oportunidad y las que el hierro permita, para esto siempre debe existir un buen afilador.

Fuentes consultadas:

 

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